3rd Sunday Of Lent
In this week’s readings, we are reminded that God’s call is both intimate and transformative. Just as Moses was drawn to the burning bush, we are drawn into His presence—not to be consumed, but to be changed. “Remove your sandals, for the place where you stand is holy ground” (Exodus 3:5). Moses approached with awe, perhaps even fear, yet God was not seeking to destroy him but to invite him into His mission. The same God who called Moses from the burning bush is the One who speaks in the Gospel today—the One who calls you to deeper holiness.
In Luke’s Gospel, Jesus tells the parable of the barren fig tree. The owner is ready to cut it down, but the gardener intercedes, asking for time to cultivate it so it might bear fruit (Luke 13:6-9). This is not a threat—it’s mercy. God does not desire our destruction; He desires our growth. He is patient with us, pulling us toward sanctification, tending to our souls so we can flourish. Like a child maturing under the loving care of a parent, we do not become holy all at once. But in staying near to Him, we are formed into His likeness.
Yet, how often do we resist His call? There is a voice that makes us fearful, tempting us to hide, and there is a voice that convicts, calling us to change. Fear of the Lord is not about shrinking back in terror but standing in awe, allowing His holiness to transform us. The Lord does not lower His holiness to meet us; He draws us up into it. If we truly revere Him, we will long to give Him His due—to step into the life He has prepared for us.
Reflection Questions:
Where is God calling you to deeper holiness?
Are you resisting transformation out of fear, or are you allowing Him to cultivate your soul?
How can you remain close to God this Lent, so He can shape you in His love?
Español
En las lecturas de esta semana, se nos recuerda que el llamado de Dios es tanto íntimo como transformador. Así como Moisés fue atraído hacia la zarza ardiente, nosotros somos atraídos a Su presencia, no para ser consumidos, sino para ser cambiados. “Quítate las sandalias, porque el lugar donde estás es tierra sagrada” (Éxodo 3:5). Moisés se acercó con asombro, quizás incluso con temor, pero Dios no buscaba destruirlo, sino invitarlo a Su misión. El mismo Dios que llamó a Moisés desde la zarza ardiente es el que habla en el Evangelio de hoy, el que te llama a una santidad más profunda.
En el Evangelio de Lucas, Jesús cuenta la parábola de la higuera estéril. El dueño está listo para cortarla, pero el jardinero intercede, pidiendo tiempo para cultivarla y que así pueda dar fruto (Lucas 13:6-9). Esto no es una amenaza, sino misericordia. Dios no desea nuestra destrucción; desea nuestro crecimiento. Es paciente con nosotros, guiándonos hacia la santificación, cuidando nuestras almas para que florezcan. Así como un niño madura bajo el amoroso cuidado de sus padres, no nos volvemos santos de inmediato. Pero al permanecer cerca de Él, somos moldeados a Su semejanza.
Sin embargo, ¿Con qué frecuencia resistimos Su llamado? Hay una voz que nos llena de miedo y nos tienta a escondernos, y hay otra que nos mueve a cambiar. El temor del Señor no se trata de retroceder con terror, sino de permanecer en asombro, permitiendo que Su santidad nos transforme. El Señor no disminuye Su santidad para encontrarnos; nos eleva hacia ella. Si realmente lo veneramos, anhelaremos darle lo que le corresponde: entrar en la vida que Él ha preparado para nosotros.
Preguntas para reflexionar:
¿En qué área de tu vida te está llamando Dios a una santidad más profunda?
¿Estás resistiendo la transformación por miedo, o estás permitiendo que Él cultive tu alma?
¿Cómo puedes permanecer cerca de Dios esta Cuaresma para que Él te moldee en Su amor?