5th Sunday Of Lent

Have you been walking in the desert for too long? Lent is a season of dryness, of stripping away distractions, but it is also a season of mercy—a time to return. The Lord is not standing at a distance, waiting for you to figure it out. He sees you. He knows the weight you carry. And He is ready to restore you.

The Gospel of John tells us of a woman caught in adultery, dragged before Jesus by those who would see her condemned (John 8:1-11). But Christ does not cast a stone. He does not shame her. He lifts her up, sending her forward with mercy and a new path. This is what He longs to do for you. There is no sin He cannot forgive, no past He cannot redeem. The same Jesus who bent down in the dust to defend her bends down now to lift you.

In these final weeks of Lent, the Church opens her arms in the Sacrament of Confession. If you haven’t been in 5, 10, 40 years—come. The Lord’s mercy is not rationed; it flows like a river, cutting through even the driest of deserts. Do not wait. Do not let fear or shame hold you back. Step into the stream of grace. Come home.

Español

¿Has estado caminando en el desierto por demasiado tiempo? La Cuaresma es una temporada de sequedad, de despojarnos de distracciones, pero también es una temporada de misericordia, un tiempo para regresar. El Señor no está de pie a la distancia esperando que lo descubras. Él te ve. Él conoce la carga que llevas. Y está listo para restaurarte.

El Evangelio de Juan nos habla de una mujer sorprendida en adulterio, arrastrada ante Jesús por aquellos que querían condenarla (Juan 8:1-11). Pero Cristo no lanza una piedra. No la avergüenza. La levanta, enviándola hacia adelante con misericordia y un nuevo camino. Esto es lo que Él anhela hacer por ti. No hay pecado que Él no pueda perdonar, ni pasado que no pueda redimir. El mismo Jesús que se inclinó en el polvo para defenderla, se inclina ahora para levantarte a ti.

En estas últimas semanas de Cuaresma, la Iglesia abre sus brazos en el Sacramento de la Reconciliación. Si no has ido a Confesarte en 5, 10 o 40 años, ven. La misericordia del Señor no se raciona; fluye como un río, atravesando incluso los desiertos más áridos. No esperes. No dejes que el miedo o la vergüenza te detengan. Entra en la corriente de la gracia. Vuelve a casa.

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